Señora Directora: Hemos estado acostumbrados por siglos a abastecernos de cuencas nivo-glaciares, lo que significa que en años lluviosos podemos almacenar el agua caída en grandes mantos de nieve y glaciares. Es decir, hasta ahora hemos contado con el respaldo de estos gigantes naturales que hacían las veces de grandes embalses incrustados en la cordillera, que nos apoyaban cuando las lluvias habían sido escasas.

Pero hoy estos gigantes, producto de las emisiones y el cambio climático, están en franca merma y cada año que pasa nos apoyarán menos. Según estudios encargados por los usuarios del río Maipo, para la segunda mitad del siglo XXI, estos llegarán a menos del 10% de sus volúmenes actuales, lo que significa que estamos transitando de ser una cuenca nivo-glaciar a una de tipo nivo-pluvial.

Entonces, ¿cómo almacenaremos esas aguas si ya no contaremos con estos embalses naturales que teníamos en la cordillera? La respuesta es a través de la adaptación y de las obras. El régimen de nuestros ríos transitará a otro diferente y debemos contar con la infraestructura necesaria para aprovechar sus excedencias y poder acumularlos para cuando se necesiten. Como dicen en el campo, ‘la cordillera ya no estará apretada en invierno’, porque escurrirá el agua caída apenas suban las temperaturas, y debemos contar con los medios para acumularlas. Nos estamos jugando, para el caso de Santiago, el consumo de casi ocho millones de personas, y el cultivo de más de 120.000 hectáreas de riego. Y queda poco, muy poco. La segunda mitad del siglo XXI está a la vuelta de la esquina.

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